Comentarios sobre el interesante libro de D. Manuel Pimentel "El librero de la Atlántida"

Con su libro “El librero de la Atlántida”, editado por Almuzara, Manuel Pimentel nos lleva a los orígenes de Andalucía como un territorio con unas características e idiosincrasia propias, trasladándonos a Tartesos, según el autor heredera de la tradición de la Atlántida, cosa que comparto aunque pueda parecer de locos, y le da una antigüedad de, al menos, diez mil años.

Está muy bien elaborada la conexión entre el momento actual y el pasado, donde todos volvemos, por la ley de la reencarnación o de los ciclos, a vivir aquellas experiencias que marcaron nuestras vidas o que no supimos resolver adecuadamente en su momento.

Pero volvamos a Andalucía. Pimentel recoge toda una serie de referencias escritas sobre Tartesos y la Atlántida, esbozando una teoría que muchos, entre ellos yo, consideramos digna de tener en cuenta: la historia de la Humanidad es más antigua de lo que nos han enseñado en el colegio, y la existencia de civilización es anterior a los 3000 años que le adjudican al nacimiento de la escritura.

Un paseo por las maravillosas calles y terrenos de Sanlúcar de Barrameda nos hace soñar con ese pasado donde Doñana era la fértil desembocadura del hoy Guadalquivir y, entre sus canales, había una esplendente ciudad heredera de las tradiciones y técnicas del ya desaparecido continente atlante.

La presencia de Tartesos en diferentes fuentes nos habla de un emporio económico, social y militar que pudo extenderse desde Extremadura a Murcia. Restos arcaicos del mismo serían tradiciones como el carácter alegre de las romerías andaluzas y el predominio de la Diosa Madre en el corazón de nuestra tierra y de nosotros mismos: más “hijos” que “siervos”, más festivos que rigorosos, la vida como alegría y oportunidad en vez de valle de lágrimas.

Pimentel nos recuerda que esta tierra es muy antigua y en ella se solapan culturas; tartésica, fenicia, romana, árabe, cristiana… En definitiva: que siempre somos los mismos bajo diferentes ropas o acentos, porque nuestros ancestros andaluces son muy viejos, pues el alma de Andalucía lo es. ¡Solo las almas viejas pueden intuir el sentido pasajero de las cosas y de los pueblos, desarrollando no un sentimiento de tristeza sino de felicidad por la oportunidad del presente inmediato y la importancia de la alegría de la vida, precisamente por ser esta efímera!

Te animo a que leas dicha novela y disfrutes. No hay terror ni ríos de sangre, pero la emoción y la intriga te atraparán, dejándote preguntas para que tú busques las respuestas en ti mismo.

Javier Saura

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