ESTOICOS W

 

ACTUALIDAD DE LOS ESTOICOS

Cada vez con más frecuencia recurrimos a “los clásicos” para buscar consejo y orientación ante las circunstancias tan cambiante de nuestro mundo actual. Y si lo hacemos es porque no encontramos referentes serios, de valor, de plena confianza en nuestro mundo, tan lleno hoy de palabras huecas y gestos teatrales... y tan vacío de valores y buenos ejemplos.

El estoicismo será la filosofía de Roma, desde el siglo I a.C. al 8 d.C. Y también lo veremos con Erasmo de Rotterdam y la educación que le imparte al que luego será en Emperador Carlos V de Alemania y I de España. La filosofía estoica será retomada por el cristianismo, adaptándola a sus necesidades y enfoque religioso; de ella procede el confiar en la Providencia, la entereza de ánimo ante las dificultades y que Dios nos pone a prueba (todas enseñanzas estoicas, que no significan lo que en el cristianismo)

Nace en un momento de grandes cambios dentro de la sociedad, reafirmando la necesidad de la filosofía como una actitud ante la vida y no como un comerse el coco. Su gran referencia es Sócrates y el ejemplo de vida de otros grandes pensadores y hombres públicos de la vida romana; y su base filosófica se apoya en Platón y Aristóteles sobre todo, con su huella en el helenismo impulsado por Alejandro el Grande (Alejandro Magno), con la fusión de las culturas griega, egipcia, persa y asiáticas.

Su planteamiento sigue a Sócrates: “Filosofía es hacer el bien”. Para ellos lo importante es comportarse en todo momento como un ser libre.

¿Cómo? Reconociendo las características del Mundo, que posee una doble naturaleza, divina y material, y desarrollando las cualidades propias del ser humano: la voluntad, el amor y el conocimiento; dicho de otra forma: desarrollando las virtudes de la fortaleza ante las dificultades y obstáculos de la vida, la bondad a la hora de encarar cualquier asunto, y la reflexión acerca de la naturaleza de cada cosa para tratarla con justicia.

¿Dónde aprender? Del gran libro de la vida, viendo a Dios en todas las cosas y buscar en nosotros el mismo orden y armonía con el que la deidad organiza el universo y la vida en general.

¿Cuándo y dónde aplicarlo? ¡Ya! No demorarse en tratar de vivir lo que se sabe. La vida cotidiana, en todos sus aspectos (en el trabajo, con los amigos, en los negocios, en lo público y a solas) es nuestro lugar de experimentación. Y así nuestro propio bien está indisolublemente unido al bien común.

¿Cómo recordar lo aprendido? A través de frases cortas y sintéticas, dirigidas al meollo del asunto. Ejemplos:

“La fortuna favorece a los valientes y huye de los flojos”.

“No existe nada superior a nuestra voluntad”.

“Antes de salir a la calle repítete: ‘hoy me encontré con un necio, un loco y un ladrón’. Así que cuando te los encuentres, no te alteres”.

“Si tropiezas con una piedra no te enfades, piensa cuál es la naturaleza de la piedra y cuál es la tuya. Está en tu mano el apartarte”.

“No eres un árbol, por la tanto no tienes raíces; así que no te quejes si has de desplazarte de un lugar otro”.

“Acepta con ecuanimidad, alegría y espontaneidad todo lo que te sobrevenga, porque Dios no busca el mal para ti, sino tu bien”.

“Ante las dificultades puedes afrontarlas como Hércules y lanzarte a vencerlas, o como un borrego y seguir las pezuñas de los que tienes delante”.

“Vivimos en el Mundo y el Mundo sigue los designios de Dios. Obedecer a Dios es libertad”.

“El verdadero actuar del hombre de bien consiste en buscar el bien común, que incluye lo que es bueno para él”.

“No hay que despreciar las riquezas, pero sí el no vivir para ellas”.

Los estoicos aconsejan seguir las enseñanzas filosóficas porque ello nos ayuda a evitar errores y a desarrollar mejor nuestras capacidades, aprovechando la experiencia de los que nos han precedido en la busca de la sabiduría.

Y recordemos lo dicho al principio de Sócrates, el gran ejemplo para los estoicos: “Filosofía es hacer el bien”.

 Javier Saura y José Manuel Romero