Recogemos algunas de las interpretaciones que se le han dado al más famoso cuadro de Sandro Botticelli, "La Primavera", a fin de que el lector aprecie la gran cantidad de posibilidades que ofrece el imaginario simbólico. El símbolo expresa, o esconde, valores universales. Y en la medida que un símbolo es más completo hace referencia a una mayor cantidad de cosas que suceden en la Naturaleza, partiendo del principio de que todo está interrelacionado y, como se dice en uno de los "principios herméticos" recogidos durante el Renacimiento: "Así es arriba como es abajo".

El tránsito del alma en el mundo: (Ver el muy documentado artículo del profesor Jorge Angel Livraga en el número 56 de la revista Esfinge)

El buen y el mal gobierno: Venus, en el centro, representa el conocimiento de la tradición antigua clásica. A la derecha del cuadro están los malos gobiernos, que se olvidan de las enseñanzas del pasado y por ello son arrastrados a la oscuridad y el miedo (Céfiro y el bosque), y sus actos son inconscientes, despilfarran lo que poseen y son incapaces de sembrar nada para el futuro (ninfa Floris). A la izquierda está el buen gobierno: Bajo la bendición de la sabiduría clásica reina la alegría y la felicidad (las Tres Gracias), pero también estos pueblos saben recoger el fruto de su buen hacer y saben velar y defender lo que tienen (Hermes, armado, recoge los frutos) Quienes viven bajo un buen gobierno son bendecidos por los dioses (es un don del cielo), por ello Cupido les lanza sus flechas sólo a ellos. Los buenos gobiernos llevan a la civilización; los malos gobiernos, a la barbarie.



Los dos senderos: La vida, en su eterno caminar hacia el encuentro con Venus (diosa del Amor, sinónimo de Sabiduría) puede seguir dos vías, la de la alegría, representada por la ninfa Floris, viviendo intensamente cada instante y aprendiendo de todo lo que nos rodea, el "carpe diem" estoico; o la vía de la introspección, de la reflexión interna sobre lo elevado, Hermes en el extremo izquierdo del cuadro y mirando hacia arriba, es el sendero de la mística y de la introspección. Ambos senderos son igual de válidos y representan el punto de unión de las tradiciones clásicas grecorromanas y orientales con el cristianismo. Esta imagen aparece en diferentes cuadros renacentistas y, en el s. XX, en la obra de Hermann Hesse "Narciso y Goldmundo".



Las dos caras del conocimiento: Sobre las mismas imágenes de Venus, Flora y Hermes, el conocimiento –sea cual sea el sendero elegido- ha de expresarse forzosamente en su doble aspecto místico y reflexivo, el estudio y meditación (Hermes) Y vital y en contacto con la vida que nos rodea, sobre la cual ha de verter sus conocimientos en forma de alegrías y cosas útiles y buenas (Floris) Hermes + Floris = Venus.

Javier Saura
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