EL RIO w

Hoy volví a pasear por el Río. La luz del día gris y tamizada por el cielo nublado era perfecta para hacer fotografías. Aunque cansado por la carrera matutina no pude dejar pasar la oportunidad. Pueden que las fotos parezcan iguales a las de otras veces pero ni la luz ni el río ni uno mismo somos los mismos de otros días.

 

El agua cambia a cada segundo, las nubes de desplazan al compás del viento y uno no está siempre igual de inspirado. Cada día, cada momento, cada instante todo cambia. Me gusta hacer fotos de los mismos sitios una y otra vez, buscando el encuadre perfecto, la luz ideal, el ángulo correcto. Siempre descubres una nueva visión, el observador cambia lo observado, todo se trasmuta a través de la nueva experiencia que uno tiene de las, aparentes, mismas cosas.

Estaba enfrascado en estos devaneos mentales cuando me pareció que el Río me hablaba a través del ruido de sus aguas, el viento con el silbido de las ramas y la tierra con el crujido de las hojas caídas. De pronto tuve una Visión, una alegoría de la vida misma a través del Río que serpenteaba ante mis ojos. Empecé a darle forma en mi cabeza mientras me dirigía de vuelta a casa, le llamaría “El Río de la Vida” y he aquí el relato:

“EL RÍO DE LA VIDA”

Al igual que un río para que podamos nacer se tienen que dar una serie de circunstancias, confluir energías, ganas, aguas de vida que den origen a nuestro ser. Así naceremos en un “manantial familiar” diferente para cada uno...

Unos serán puros y cristalinos e inundarán de energía nuestro caudal interior. Otros puede que sean turbios y cenagosos y no nos dejen fluir con libertad y sin esfuerzo. ¿Quién sabe cuál es el mejor? Pues como apreciar la transparencia sin haber pasado por la oscuridad, la pureza sin haber pecado y la fuerza sin el esfuerzo.

Sea cual sea es nuestro deber ir sumando energías y experiencias de los riachuelos de los que la vida nos va nutriendo. A veces recibiremos aguas del cielo en forma de lluvias finas y refrescantes golpes de suerte, otras encontraremos obstáculos en nuestro cauce que aparentemente nos impidan avanzar... Puede que el camino de la vida sea recto y en suave pendiente o revirado y sin aparente fin como un meandro en la espesura.
Otras veces llegaremos a una fértil llanura dónde descansar y tomar fuerzas para los obstáculos venideros y otras nos hundiremos en pozos oscuros sin ver la luz durante largo tiempo.

Así puede ser el cauce del Río de la Vida de cada uno. Manso o bravo, claro o turbio, frio o cálido, rápido o lento, sin obstáculos o con fuertes desniveles que saltar, acompañado del trino de los pájaros o del rugido del viento. Con niños jugueteando en las orillas o con fábricas de vertidos malolientes... No importa como sea, todo suma, lo bueno y lo malo. Todo hará que al final de nuestro sendero lleguemos al ancho mar donde nos mezclaremos con la inmensidad del más allá para retornar una vez más en forma de fina lluvia para empezar de nuevo el ciclo, una y otra vez, una y otra vez...

Kristób@l